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Home· Empresa & economiaA FonsJavier Mariscal: "Veo a Trump como al chulo borde del colegio"

Javier Mariscal: “Veo a Trump como al chulo borde del colegio”

A sus 76 años, Javier Errando Mariscal, -su nombre completo-, lleva décadas convertido en uno de los emblemas de la ‘marca’ Barcelona y en uno de los diseñadores más influyentes del mundo. Nacido en Valencia, llegó a la Ciudad Condal a principios de los 70. Hoy vive alejado de la gran urbe en las montañas que rodean el área de Figueres, L’Escala y Ampuria, aunque acude cada semana al estudio Mariscal, capaz de crear iconos tan diferentes y duraderos como el taburete Dúplex, las mascotas Cobi o Twipsy (Hannover), los dibujos de las películas de animación de Fernando Trueba o la imagen de marcas como Onda Cero, Bancaja o Camper, por citar sólo una mínima parte de su ingente legado creativo.

Diseñador, interiorista, ilustrador, escultor, pintor… el suyo es uno de esos perfiles difíciles de definir de hombre ‘orquesta’ más propios del Renacimiento y que cada vez escasean más en el especializado y tecnológico siglo XXI. El mito de Mariscal ha visitado recientemente Tarragona para presentar la curiosa pieza personalizada y hecha a mano (un botijo ‘de diseño’) que el Grupo Oliva Motor entregará con la venta de cada BMW. Una arriesgada mezcla que aúna tradición y tecnología para un regalo de lo más sorprendente que rezuma frescura, delicadeza, personalidad y cariño. “Si quieres un botijo, antes te tendrás que comprar un BMW”, bromea.

Él mismo reconoce que la memoria no es su fuerte, y apenas recuerda la última vez que estuvo en Tarragona. Sin embargo, no ha olvidado los ocho monumentales pinos de acero y cobre que dejó para la posteridad junto al paseo marítimo de La Pineda, quizá su obra más reseñable en nuestro territorio.

¿En qué momento creativo se encuentra?

Tengo la gran suerte de llevar tres años viviendo en el campo, lo que me permite pintar, y también estoy haciendo mucha cerámica. El mes pasado inauguramos una exposición en la feria de cerámica de Navarrete (La Rioja), al lado de Logroño, donde mostramos el trabajo que he hecho durante dos años en Manises con Arturo Mora, un gran ceramista. Son muchas generaciones con la misma técnica del siglo X, muy árabe. Con él he podido trabajar las formas exactamente igual que las de antes, algunas vienen de los griegos, pero otras de Bagdad, por ejemplo. En Manises se concentró una gran explosión y vendieron a todas las cortes, y a todos los reyes.

Yo pensaba que usted era todo menos clásico…

Es muy bonito poder trabajar técnicas muy antiguas hoy día, y poder cambiar los elementos gráficos. Son unos contrastes que me encantan y estoy muy contento con el resultado. Ahora también estoy trabajando tinajas en el Ampurdán, de Cadaqués, que heredamos de la época romana. Al fin y al cabo, tampoco hace tanto tiempo, 2.000 años no es nada… si hablamos de nuestra ‘abuela común’, con las plantas… nos remontamos a miles y miles de millones de años.

Hablando de ese contraste, de la tierra, de las raíces antiguas… ¿Cómo nace un regalo así para la adquisición de un sofisticado vehículo de tecnología punta?

Es como una reflexión de algo que se nos olvida. Por ejemplo, el agua corriente. Cuando yo era niño, no era frecuente tenerla en las casas. El agua como elemento base, ya que sin agua no hay vida. Ni una mosca, ni una garrapata, ni un geranio de esos que parece que sobreviven a la sequía. Al lado del algo tan tecnológico, pues mira, esto es de nuestros tatata…tatarabuelos, y nos ha traído hasta aquí.

Ahora que en lo personal está de vuelta a lo rural, con sus tres botijos esperándole en la huerta… ¿Cómo ve desde fuera la atmósfera de su querida Barcelona en 2025?

Estoy yendo a Barcelona, mínimo uno o dos días a la semana. Tengo mi estudio allí, y gracias a Dios trabajamos mucho. Barcelona, qué quieres que te diga, el turismo une a las personas. El turismo ayuda a entender que hay otras lenguas, otros códigos, otras culturas. Gracias al turismo yo tuve novias maravillosas francesas, que la chupaban muy bien, por decir algo. El turismo es muy positivo, hace que el futuro sea -que es lo normal- cada vez más mestizo. En 1920 el 80% de la población mundial se casaba a cinco kilómetros a la redonda. Recuerdo cuando tenía 31 años, con mi primer viaje a Japón, me quedé súper sorprendido, cómo eran los japoneses, la comida, una ciudad como Tokio. Viajar es unir, es entender a los otros. Que Barcelona esté llena de turistas me parece genial, fantástico. Recuerdo en el 70, cuando iba a Nueva York, volvía y me decía, coño aquí somos todos primos hermanos. Somos iguales…

Veo que es defensor a ultranza del mestizaje y de lo multicultural…

Creo que todo hay que saberlo organizar. Yo lo he vivido… Mi papá aparcaba en Valencia el coche donde le daba la gana, y hoy es imposible moverse en coche. Ahora somos muchos, cada vez más, y hay que saberse organizar. La libertad individual debe estar bien integrada dentro de la organización social. Continuamente estamos desafiando las normas: no, yo no me voy a poner casco… yo no me pongo el cinturón… yo no atravieso la calle por el paso de cebra, yo cruzo cuando me da la gana, yo conduzco borracho… No puede ser. Vivimos en sociedad, si usted conduce borracho o cruza por donde le da la gana, está el otro que se puede morir o tener un accidente por su culpa.

¿Ese entorno urbano no se ha vuelto demasiado inhóspito?

Barcelona sigue siendo una ciudad… qué quieres que te diga, una de las más bonitas del mundo. Deberíamos estar todos muy agradecidos por vivir en Barcelona o en un país como Cataluña. Es una pasada… ¿Tienes un grifo en casa? ¿Sale el agua? ¿La bebes y no te mueres? Cállate y da gracias. Todos los días se barren las calles, todos los días te hacen cruasanes para que te los puedas comer bien a gusto… No sé, podemos sentirnos más agradecidos…. vivimos en una democracia, yo he vivido en una dictadura y sé lo que es. El presidente de aquella España firmaba decretos de muerte de gente cada año. La libertad que tenemos de pensar, de todo… Hace falta más perspectiva.

Ha mencionado de refilón a Donald Trump en la presentación de su obra…

Mira, éste es el ‘chulapas’ borde del colegio. Vaya, yo lo veo como los estertores del chico blanco yogur, -que dicen en Cuba-, machos a los que de repente se les acaba el chollo. Tú, Roberto, naciste ya con 100.000 puntos más que otras muchísimas personas: chico, blanco, europeo y catalán… Casi nada. Tienes mucho ganado. Por lo menos, hay que saberlo y agradecerlo, y tratar de que esos privilegios de macho blanco no sean infinitos. Tratar de entender que hay otros sexos, como las mujeres, que lo tienen más difícil, y otras economías, otros países y lugares, que nosotros como europeos hemos estado saqueando durante siglos, sea en África, América o Asia.

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